Bienvenidos a Comunicando Tour

Este sitio, especialmente dedicado a periodistas y comunicadores, busca brindar herramientas e ideas para la comunicación turística en Internet, así como problematizar sobre esta nueva alternativa.

lunes, 30 de julio de 2007

Cine y turismo


El cine es una herramienta útil para promocionar el turismo, tiene dos condiciones fundamentales la posibilidad de llegada ya sea a otros sitios de un mismo país, o bien a otros países y en forma masiva, por ello es una buena opción para ser utilizado en la Argentina.


La promoción turística ha sido estudiada por los directores del master "e.Tourism", Eugeni Óscar y Enric López quienes han elaborado un estudio de investigación denominado "Tourism Destination Placement" (TDP) cuyo objetivo principal es "dotar a los destinos turísticos de herramientas de marketing vinculadas a las películas para su uso estratégico y operativo", para ello se han basado en la película española "Todo sobre mi madre", obteniendo resultados positivos.


Ya son muchas las películas ya conocidas en Hollywood que han despertado curiosidad por el público "El Código Da Vinci" ha sido una de ellas, hasta se ha conformado un circuito turístico para realizar el mismo recorrido que los protagonistas realizan por algunos lugares destacados de Francia. En la Argentina es tiempo de ponerlo en práctica.


Fuente: http://www.marketingdirecto.com, Citado Lunes 30 de julio de 2007.

1 comentario:

roberto litvachkes dijo...

Hace casi 80 años se estrenaba por primera vez en Alemania una película sobre la Patagonia.

En un biplano de madera, el alemán Gunter Plüschow fue el pionero en recorrer en avión el sur argentino, con el que fantaseaba desde su infancia. Gracias a sus viajes y su película, la mítica tierra se hizo conocida en Europa.

Por Roberto Litvachkes.


El invierno de 1930 había sido especialmente frío en la Bavaria Alemana. Por eso, cuando llegó marzo, la gente aprovechó para comenzar los paseos. Una de las salidas preferidas era ir al Mercado Queen Elizabeth Mark, junto a la Plaza Central de Munich. En la esquina de la plaza, un extraño artefacto sobre el Cine Schauburg llamaba la atención a los paseantes, especialmente a los jóvenes del vecino Colegio Gisella Ober Real Schule. Era la maqueta de un avión, un Heinkel HD 24, y los carteles cerca del cine explicaban el porqué de ese avión: se estrenaba la película de Günther Plüschow sobre la Patagonia. Para el público europeo, se trataba de un primer acercamiento al que consideraban el desconocido y lejano Fin del Mundo.
El viaje interno de este capitán alemán había empezado unos veintiocho años antes, cuando los hermanos Wright habían llevado su avión al Viejo Continente, a una serie de exhibiciones. Para Plüschow, quien estaba a punto de terminar la primera parte de su carrera en la Armada Imperial Alemana, las noticias sobre los avances y posibilidades de la aviación fueron como un nuevo combustible en su vida. Sobre todo ante un futuro en la marina que se le aparecía aburrido y estático, en una oficina en la tranquila base de Murwen.
Dominar el aire era un desafío nuevo, pero con el que había soñado desde que por primera vez se paró con los brazos extendidos en la proa del Stoch, el velero donde realizó sus prácticas de Cadete Naval en 1905, y donde había sentido el viento deslizarse veloz en su rostro. De ese presagio al deseo de poder alguna vez concretar el sueño de volar sobre la mítica Patagonia, la cual había descubierto en una postal durante su época de escolar y con la cual no podía dejar de fantasear, pasó un largo tiempo.

Manos a la obra

Con todo el ímpetu de sus 26 años de edad, además de su experiencia de haber visitado una vasta cantidad de países de Europa y Oriente, solicitó a sus superiores cambiar su nombramiento y ser inscripto como alumno en la Escuela de Aviación de Johannistal, en Berlín. Luego de sólo tres semanas de instrucción, se convirtió en un flamante piloto y mecánico de aviones.
Con paciencia de hormiga y voluntad de hierro, poco a poco inició los pasos para llevar a cabo su proyecto. Le fue facilitado el Heinkel, un avión mediano, con fuselaje de madera, forrado en tela, dotado con un motor BMW IV con un carburador especial para enfrentar distintas condiciones climáticas. Por último, recibe los esenciales largavistas, cámaras fotográficas y de filmación, además de 40.000 metros de película.
El 3 de diciembre de 1928 sus objetivos empezaban a concretarse: ese día ya estaba surcando los cielos de su deseada Tierra del Fuego. Eran las 17.30 y Plüschow veía desde las alturas decenas de manos que se agitaban como saludo. Con suavidad, inició un último giro sobre el Lago Fagnano, para empezar su acuatizaje en la Bahía de Ushuaia, un descenso perfecto en un día hermoso.
Cuando casi 80 años después se intenta reconstruir ese día histórico, Carlos Vairo, Director del Museo del Presidio de Ushuaia, señala el Monte Olivia y explica que el Cóndor de Plata, el mítico hidroavión de Plüschow, debe haber hecho un gran giro detrás del promontorio y se debe haber acercado desde la boca de la bahía hacia el centro de la naciente ciudad. Señala también la Casa del Gobernador, ahora Museo, la misma que se ve en la histórica foto de la llegada de Plüschow.
Presuroso por descender, los botes se acercaban para permitirle llegar a la playa. Se escuchó entonces un fuerte: “¡Viva Alemania!“, con que lo recibieron los escolares, formados en la playa, y el gobernador Gómez se confundió con él en un abrazo, mientras la esposa le entregaba un ramo de flores. Emocionado, Pluschow le dio una pequeña bolsita de lona que contenía una carta con saludos del Intendente de Punta Arenas, de donde había partido hacía menos de dos horas. La noticia había llegado a Ushuaia por medio del telégrafo, que permitió que la población se preparara a recibirlo.

Mirada cenital

Desde el aire, Pluschow registró imgenes y situaciones inmortales de la Patagonia: el cruce del Estrecho de Magallanes, los glaciares de Tierra del Fuego, la flora y fauna de la región y la manera en que eran criadas las ovejas en una de las estancias sureñas. En aquella película que se exhibió con tanto éxito en Europa, la gente miraba extasiada el horizonte interminable, típico de la meseta patagónica y se dejaba hipnotizar con la esquila manual de las ovejas, un método que incluso hoy volvió a ser considerado muy eficiente para la industrialización lanar.
Seguramente, muchas de estas imágenes sirvieron para la promoción comercial de las estancias argentinas en Europa y Plüschow, sin proponérselo, fue prácticamente un iniciador en las prácticas de promoción exportadora. Imposible calcular el efecto en aquellos años y, de hecho, el aviador alemán tuvo más problemas para estrenar la película en la Argentina que los que encontró en su país. El surgimiento del cine sonoro había relegado al cine mudo en el interés de los distribuidores. Finalmente, gracias a la colaboración de la colonia alemana y del Club Universitario de Aviación, consiguió el anfiteatro de la Facultad de Medicina, en la Manzana de las Luces.
Dejó una Buenos Aires convulsionada por la presidencia de Uriburu y al poco tiempo, instaló sus pertenencias en una de las estancias cercanas a Calafate y usó como lugar de acuatizaje el Puerto de las Sombras. Sin embargo, el 28 de enero de 1931 un grupo de vecinos observó con horror cómo el “Cóndor de Plata”, cuando pasaba volando a 600 metros de altura sobre el Lago Rico, comenzó a caer en espiral. De él se arrojaban, desesperados, Plüschow y su copiloto Ernst Dreblow. Sus paracaídas no se abrieron y perdieron la vida en la caída.
En la historia de Plüschow se dan varias paradojas. Por un lado, vino a la Patagonia con el objeto de filmarla, de capturarla, de “hacerla suya”, para después poder mostrársela al mundo entero. Casi un promotor turístico por vocación que había sido fascinado por la región mucho antes de conocerla. Por otra parte, su extraordinario testimonio fílmico como un compendio de aventuras increíbles y desafíos que superó con una determinación admirable. Nada menos que un valor universal.




RECUADRO

Para conocerlo más
El autor de esta nota encontró la película de Gunther Plüschow luego de siete años de búsqueda. Se puede adquirir en DVD junto con su libro “Gunther Plüschow, una vida de sueños, aventuras y desafíos”. También ha editado en castellano el primer libro de Plüschow, “Las Aventuras del Aviador de Tsingtau”. Además de seguir desarrollando un documental sobre la vida del aviador, junto con la Universidad Nacional de Tres de Febrero y con el auspicio de la Embajada Alemana, la semana pasada inauguró en el Aeroparque Jorge Newbery una maqueta del avión, para que el público conozca más sobre la vida del pionero de los cielos de la Patagonia Argentina. Más información: http://www.youtube.com/watch?v=HGjgFz-Zszk